¿Se acuerdan de los primeros misioneros que vinieron? Yo también me acuerdo: Liliana (que está aquí hoy), Alyeta, Guillermina y Damián… Y en estos años ya han pasado cómo cien ¿por qué será? Ellos están felices y eso nos da mucha alegría.

El Papa Juan Pablo II nos pide “recordar con gratitud el pasado”, como ustedes yo también tengo recuerdos de esos momentos: llegaron al arzobispado y hablaron con Monseñor Rivera Damas, le contaron lo que querían hacer aquí y qué significaba esto de Puntos Corazón; después pasaron a mi oficina a contar la misma historia… parece que nos convencieron y hoy están todavía aquí con ese estilo original que tienen de hacer presente a Jesucristo. ¡Es bueno festejar los 20 años!

Nos preguntamos ¿Para qué sirven? Creemos que sólo se andan paseando, visitando gente, jugando con los niños ¡Eso parece bien fácil! ¿Pero qué pasaría si todos ellos se fueran mañana?

Estamos contentos de pensar cómo Dios ha sido bueno con esta comunidad, de cómo ha traído gente a consolar. Jesús dijo que ha eso venía: a dar buenas noticias a los pobres, a consolar los corazones afligidos, a dar vista a los ciegos, libertad a los cautivos y a proclamar el año de gracia del Señor ¿Y no es eso lo que hace esta gente de Puntos Corazón? Por eso sentimos que en ellos y ellas se experimenta la presencia de Dios.

La primera lectura dice que Dios es un pastor que cuida a sus ovejas, que las busca cuando se pierden, las defiende, las cura. Jesús es un rey pastor, reina siendo pastor, es decir reina sirviendo. Su trono es una cruz y su corona es de espinas. Aquí también se sufre mucho y hay cruces pesadas, pero nuestro pastor esta aquí, por eso hoy damos gracias por la presencia del Señor en esta obra que hoy cumple 20 años.

Homilía de Mons. Rosa Chaves, en la misa de acción de gracias por los 20 años de Puntos Corazón. El salvador– 23 de noviembre 2014