Mi nombre es I.G., soy de Huancayo, Perú, tengo 31 años, soy odontóloga de profesión y hace 6 años conocí puntos corazón en una difusión que hicieron después de la Misa en una parroquia en Lima donde vivía por mis estudios universitarios. Luego de escuchar unos testimonios pensé que yo podría irme de Misión y decidí conocer más a las hermanas y la casa de los voluntarios del punto corazón. Ese año yo hacía mis estudios de postgrado y seguí mi formación para salir de Misión.

Mi país de misión fue Argentina, salí con muchas ganas de ayudar y el deseo de poder hacer feliz a personas que sufrían. Viví con chicos increíbles, mis hermanos de comunidad, y viviendo en el barrio muchos prejuicios que tenía cambiaron, miraba como mis hermanos de comunidad querían a personas que si yo hubiera visto antes en la calle les hubiese tenido miedo, y vi cómo esas personas los querían mucho a ellos, todos esperaban las visitas de mis hermanos y ahora de mí con alegría, ellos confiaban en nosotros muchísimo, nos confiaban todos sus problemas, sus penas, sus alegrías y era muy necesario todo el tiempo de oración para suplicar por estas personas que rápido fueron mis amigos también, estas personas tienen un gran corazón, siempre atentos a nosotros, y los niños todo el tiempo tocando a la puerta con toda su sencillez eran nuestros pequeños maestros.

Solo puedo decir que yo estaba ahí para aprender de ellos y recibí mucho más de lo que pude dar. Viviendo con estas personas tuve la hermosa experiencia de dejar de verme solo a mí, de no estar atenta solo a mi voluntad, a mis preferencias y gustos, de sentir la necesidad de pedir poder hacerme dócil y hacer la voluntad de Dios. Mi misión fue un regalo de Dios, un encuentro concreto con ÉL, con su amor. Durante estos años he estado muy cerca a las hermanas, y tengo amistades muy lindas de chicas que también hicieron Misión, algunas como yo, al regresar de Misión se comprometieron con la fraternidad San Maxiliano Kolbe. Hace poco me casé y fue lindo vivir mi noviazgo con la amistad de las hermanas, quienes estuvieron muy cerca a mi todo este tiempo, realmente son mi familia y el carisma que quiero aprender a vivir dentro de la Iglesia. Ahora en mi vida el recuerdo de mi misión y de todo mi camino con Puntos Corazón son una experiencia concreta y evidente del amor de Dios para mí.  I.G.