Córdoba, Abril 2016

Mi nombre es S., tengo 24 años y estoy por recibirme de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, toda mi vida fui Católico, con más defectos que virtudes, pero siempre he intentado ser fiel al Evangelio y a la forma en que la Iglesia me propone vivirlo.

Fui a un colegio estatal, por lo cual mi formación religiosa no partió desde un punto de vista formal, en la institución en la que me eduque, sino que siempre tuve que buscar en donde y como vivir mi fe. Empezando por los sacramentos recibidos en una Parroquia a cargo de los Frailes Carmelitas y continuando en un Grupo Juvenil Diocesano en el cual pase los más largos y plenos años de mi vida y al cual dedique mucho tiempo y compromiso.

Hace unos cinco años tuve la bendición de conocer “Puntos Corazón” ya que uno de mis hermanos partió de misión a Ecuador por un año como Amigo de los Niños. Este nuevo carisma para mi, aporto mucho a mi vida, a mi espiritualidad y hasta puedo decir que repercutió fuertemente en mi entorno social y familiar ya que si bien como dije siempre viví mi fe lo más comprometido que he podido y he participado activamente en diversos movimientos y grupos de formación, éste toco mi corazón de una manera especial, que pudo responder a una gran búsqueda que hay en mí, ya que a través de esta forma de vivir el Evangelio descubrí que se puede ser un cristiano tanto contemplativo como activo a la vez y que estas no son cosas antagónicas sino profundamente complementarias, por cuanto más una es presupuesto necesario de la otra.

La vida que hacen los voluntarios tiene un profundo compromiso con el rezo del Santo Rosario, la Liturgia de las Horas y la Eucaristía cotidiana. Nunca olvidaré recibí el testimonio de lo que se vive en esta misión, y de cómo la experiencia de los misioneros es que sin esta profunda vinculación con Cristo y con su Madre, ellos no podrían hacer todo lo que hacen en un día, no podrían llevar a cabo ni una sola de esas obras de Misericordia sin la fuerza de la oración.

Profundice mi vinculo con esta comunidad cuando participe de la Jornada Mundial de la Juventud con ellos en Brasil y tuve la oportunidad de conocer una de las casas más grandes que tiene Puntos Corazón, la Fazenda do Natal en Salvador de Bahía. En dicha pequeña “aldea” viven niños y familias en situaciones difíciles, con conflictos varios que van desde el abandono, alguna discapacidad o problemas de adicción.

La vida en la Fazenda, consiste en vivir el Evangelio de la forma más genuinamente cristiana que podría haber conocido. El Señor se hizo pobre entre los pobres, se hizo servidor siendo maestro y yo pude contemplar lo magnifico de ver a los sacerdotes, misioneros y religiosas ser padres, madres, hermanos, en definitiva ser el rostro de Cristo para quienes más lo necesitan.

He pensado muchas veces en partir como amigo de los niños. No se si esto es lo que Dios me pide y será el discernimiento y la escucha en la oración lo que me permita descubrir que quiere el Señor para mi vida, por lo cual aún no lo puedo saber, pero lo que si se es que este carisma me ayudo mucho a crecer en mi fe, entregándome mas, confiando en la providencia y creciendo en un profundo amor a la Iglesia, la enseñanza de tantos Papas y pastores y la radicalidad en vivir y anunciar el Evangelio.

Puntos Corazón es el lugar donde quiero servir a la Iglesia, siempre abierto a la voluntad del Señor y donde siento que puedo plenificar mi entrega y mi amor a Cristo en los que sufren.