Mi nombre es M.N.A., vivo en la Ensenada de Chillón, en el distrito de Puente Piedra, en la provincia de Lima, en Perú. Vi por primera vez a las hermanas de Punto Corazón hace ya varios años, antes de mudarme de casa.

Cuando me instale en mí para ese entonces nuevo barrio, en la Ensenada, las volví a ver. Me llamo la atención que las acompañaban unos jóvenes extranjeros que a veces iban a casa de mi reciente amigo. Inicialmente no entendí que hacían. Era raro saber que dejaban todo en sus países para vivir en un lugar que por aquellos tiempos no tenía luz, gua, pista, teléfonos, etc., en otras palabras carecía de mucho pero eso si tenía mucha alma.

Años después, perdí mi beca universitaria y tropecé con la hermana Pascala que me contó que era médico y que estaba por irse a Suiza, y muchas cosas más. Sus palabras me ayudaron tener calma y confianza para hacer lo necesario que me permitiera llegar a mi meta. En adelante la casa Punto Corazón en la Ensenada se volvió mi segundo hogar, mientras era estudiante. Luego, comencé a trabajar y me volví a mudar pero la amistad con el Punto Corazón continuo, ellos venían a visitarme y yo también continúe visitándolos, a pesar que estábamos a dos horas d distancia.

Cuando supe que criaría sin su padre a mi hijo, el Punto Corazón me dio el abrazo que necesitaba. Estuvo cuando nació Alejandro, cuando salimos de la clínica y durante mis primeros días de madre. Y se ha convertido la casa de las hermanas en el lugar predilecto de mi pequeño travieso.

Ahora, vivo nuevamente en la Ensenada y esto porque la hermana María Manuel me convenció de dedicarle tiempo a mi hijo, al menos dos años recuerdo que me dijo para que pudiera tener bases sólidas de amor. Convencida a medias de esto, inicialmente, ordene mi vida profesional y personal para volver a la Ensenada, junto a mi madre y entre ambas criar a mi hijo. Y fue la mejor decisión que pude tomar. Hemos disfrutado ambas de ver crecer a Alejandro, mi madre en especial ha disfrutado de ser madre nuevamente pero esta vez gozó de las comodidades y gustitos que no pudo tener cuando me crio a mí.

Hace unas semanas, después de que ella sufriera dos infartos, de saber que tiene un tipo de sangre particular, B RH negativo, que por esto quizás yo no debí nacer, los médicos me informaron que ella tiene cáncer terminal, que está muriendo. Desde entonces, no nos hemos sentido solas, sabemos que hay personas rezando por nosotros. Esto le ha dado fortaleza a mi madre que está tranquila mientras espera lo que Dios le tiene reservado.

No sé qué nos depara el futuro pero sé que Dios siempre está cerca. Él me dio la oportunidad de vivir, de que mi madre y yo tuviéramos la oportunidad de tener una familia al lado de Alejandro que nos ha hecho muy felices. Él le ha dado finalmente el regalo a mi madre de irse despidiéndose bien, como cuando se va un amigo de los niños del barrio y eso lo agradece.

En este momento, de lo único que estoy segura es que el Punto Corazón seguirá siendo el compañero del camino que tomemos como siempre ha sido.

Pd. La experiencia con la enfermedad de mi madre me ha mostrado que lamentablemente, mucha gente no dona sangre, por miedo, cuando no le deben tener a donar, quiero decirle en especial los que son RH negativo que son los que tienen el don salvar vidas que sean activos donantes de sangre, que mucha gente muere solo por no conseguir este tipo se sangre.