Córdoba, Argentina, 2 de mayo de 2016

A quien corresponda :

                                                      Empezar a relatar mi encuentro con Puntos Corazón es, sin duda alguna, desojar mi real adhesión a nuestra iglesia.

De familia católica, misa dominical y grupo juvenil -como muchos jóvenes- yo era apasionada por la vida y el encuentro con un Cristo resucitado. Esto me motivaba a participar de misiones de verano, allí pude probar de la alegría del anuncio y del tiempo entregado. Se iba gestando en mi corazón el llamado a la misión. En ésta búsqueda apareció Puntos Corazón.

Ingenuamente creía que era solo un paso más,sin saber que aquí , iba a encontrar la madurez en mi vida espiritual y realidad bautismal.

Salí de misión a El Salvador donde nos esperaba nuestros amigos en casitas de chapa: el Golgota en su máxima expresión. Cómo describir la miseria humana, el calvario de la violencia y las drogas; la niñez que tenía su lugar en nuestros pequeños amigos cuando pasaban a casa un ratito y luego volvían a la vida “adulta” donde debían trabajar, pedir y dejarse usar. Madres atravesadas por el dolor y viejitos abandonados. Muchos por visitar.

En este lugar se revelo mi pobreza, mi incapacidad de amar, mi pequeñez, mis más grandes pecados. Pero también aquí Dios triunfó: nos invitó a consolar, a dejarnos “usar por el” para ser sus abrazos, sus caricias sus palabras, sus silencios. MARIA AL PIE DE LA CRUZ : nuestro carisma, nuestra misión, nuestra profunda invitación.

Tenía 21 años y mientras otros jóvenes pensaban en sí mismos, salían, se preocupaban por vanidades, yo era llamada a gastar mis días acompañando a niños con cáncer en el hospital Blooom y a sus padres. También tomaba café con las chicas que trabajan en la prostitución, deseando que mi pequeño gesto le revelara su dignidad. Festejamos muchos cumpleaños y guiamos rosarios en velorios: Mi vida, sin duda, fue transformada e iluminada por la CRUZ.

En la formación leí la primera Encíclica de Benedicto: Deus Caritas. Esta fue la primera Encíclica de mi vida!!! Primera invitación a mirar lo que un Papa tiene para decirme HOY. Una locura, no?. Y lo era.

Me resonó que no había que tener temor a sufrir ni privar a los jóvenes de éste. Aseguraba que atravesándolo se podía acercar al otro y ser capaz de compadecerse. Era algo nuevo y revelador en un mundo donde el sufrimiento no tenía valor, negado y borrado absolutamente. Vivir siempre felices meta absoluta.En medio de estos tiempo, con valentía, este Padre bueno, me hablaba de mi llamado profundo: Padecer con otro.

Por todo esto digo que este camino es de introducción a la vida de la Iglesia: En él, con esta familia, me he encontrado con muchos amigos que han sabido acercarme a ella. Como una hermana Magdalena, visitadora del Punto Corazón, que nos llevaba a conocer cuanta comunidad religiosa existiese. Nos lo proponía con la urgencia que solo tiene el que ama y tiene el deseo de abrirnos a la riqueza dela iglesia. Parecía decirnos: no estamos solos, somos muchos, somos un cuerpo!!!

También contarle de un padre Guillermo, que tras leerla y llenarse de Vida, compartía la Encíclica SpeSalvi una vez a la semana haciendo catequesis de ella. Era en el Ambonde, una parroquia humilde perdida en Afragola colmada de hombres y mujeres muy simples, pero de buena voluntad . Sabía que la esperanza los salvaría. Allí urgía contarles, educarlos… yo sé que este gesto se llama Caridad.

Conocí la Adoración Eucarística en el silencio del Sagrario de mi casita en El Salvador. Ya me habían introducido en la formación, donde me habían hablado de este Misterio central en la vida de nuestros barrios… aquí el Señor permanecía con nosotros, con ellos, cuando el mundo pareciera abandonarlos… cuantas veces me arrodille frente a él llena de nombres y aturdida por la nada.

Son nuestros amigos que han revelado la importancia de nuestra misión para sus vidas y que el Señor y su Iglesia vive en estas casitas: tienen la certeza que el Señor habita allí.

Mi camino me llevo a realizar una experiencia de discernimiento que me atreví, porque sabía que no había más que deseo de buscar juntos el camino de felicidad y santidad. Allí con esa libertad, algunos como hermana Leticia, padre Guillermo y otros consagrados me guiaron para encontrar mi lugarcito en esta hermosa familia y dentro de la Iglesia.

Y aquí escribo, madre de Baltasar, esposa de Juan, trabajadora seria, amiga de tantos, inquita buscadora de Dios allí donde el elije encontrarse conmigo en particular: en el más pobre, en el que sufre más. No puedo negar que lo que he vivido en mis dos experiencias ( El Salvador y Napoles) me han cambiado profundamente. El encuentro con el herido no ha dejado en mi más que el deseo devolver a encontrarlo ahí. Créame, es un llamado que no puedo callar, y eso que la vida , sus preocupaciones y el trajín de todo, muchas veces lo han mostrado borroso, pero el corazón no miente… siempre se inquieta.

La vida de compasión me ha llevado a tantas cruce, hoy a los sin techo, a los olvidados, a los invisible: a las personas en situación de calle. Esta es mi nueva aventura. Aquí encuentro la perla en el barro; Y en esta comunión que solo en esta Iglesia podemos encontrar, yo misteriosamente, abrazo en estos nuevos rostros ,a aquellos que la distancia a dejado a cientos de kilómetros.

Me despido cierta de saberme en comunión con todos.

M.P.P., miembro de la iglesia peregrina.