Soy M.A.T. de Santa Fe – Argentina, realicé la experiencia Puntos Corazón desde Septiembre de 2000 a Diciembre de 2001 en San Salvador- El Salvador- Centro América. Cuando Dios tocó mi corazón para dejar mi vida cotidiana y vivir una experiencia de amor en medio de los que más sufren, no dudé en responder generosamente. Tan sólo con 21 años me lancé a vivir esa experiencia de Amor, generosidad y servicio. Si bien todo era desconocido siempre estuve segura de la presencia de Cristo en la Obra Puntos Corazón y eso hizo que me enamore aún más.

Hoy a la distancia puedo afirmar que Dios eligió al pueblo salvadoreño para demostrarme su sencillez, humildad y servicio y ahí aprender de cada uno de ellos. Creo que cuando nos lanzamos en vivir una experiencia de estas características pensamos en lo que podremos dar de nosotros mismos, sin embargo sucede todo lo contrario, yo fui la que aprendí y recibí: del niño que diariamente venía a la Casa Puntos Corazón a dibujar, jugar, disfrutando de su niñez en el único momento del día; de la familia que me recibió con los brazos abiertos y me preparó la merienda con los pocos Colonos ganados en el día; de los niños en el Servicio de Oncología del Hospital que me regalaban una sonrisa a pesar de que su vida se apagaba de apoco; de las mujeres que vendían su cuerpo para dar de comer a sus niños, valorando el momento compartido porque me acercaba sin pedir nada a cambio, sin juzgar, sin cuestionar.

Otro de los misterios de la “Obra Puntos Corazón” es la vida en Comunidad, donde jóvenes de distintos lugares del mundo, distintas formas de vida, distintos idiomas nos unidos para vivir juntos esta locura de Amor y en poco tiempo cada uno de mis hermanos de comunidad se transformó en mi familia. Estoy segura que todo fue posible por la presencia eucarística dentro de la casa y la vida de oración de cada uno.

Los amigos de los Niños creemos erróneamente que vamos a transformar ese lugar donde Dios dispuso para nosotros, sin embargo somos nosotros los que volvemos transformados y después de semejante experiencia de amor, humildad y generosidad nos sentimos extraños con nuestra vida anterior. Puedo asegurar que me resultó más fácil adaptarme a la comunidad salvadoreña (con sus sabores distintos, con su vestimenta de colores) que retomar mi vida cotidiana en Santa Fe.

Luego de muchos años…estoy segura que ésta experiencia marcó para siempre mi vida, hay abrazos que nunca olvidaré y personas que quedarán gravadas en mi mente.