Córdoba, Argentina. 11 de mayo de 2016

A quien corresponda,

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Con estas palabras del salmista comienzo este pequeño testimonio…todos los rostros, los encuentros vuelven a pasar por mi corazón, re cordis…Mi nombre es H.O., tengo 34 años. Mi camino de fe se remonta como el de muchos, a mi familia y una preferencia especial que mis padres me transmitieron para ver a Jesús en el más pobre, el explotado, el olvidado. Cuando terminaba el colegio, a los 17 años, creció en mi el deseo de compartir no solo un apostolado sino toda mi vida con mis amigos de la villa (lire bidonville) Recé pidiendo una propuesta concreta para este llamado que Dios había puesto en mí. En esos días una amiga me comentó sobre Puntos Corazón y la manera en que vivían la misión en los barrios del mundo. Fue así como llegué al primer Fin de semana de Formación, una instancia importantísima para el discernimiento misionero. Allí no solo conocí otros jóvenes felices de dar un ano de sus vidas a Jesús, sino también aprendí formas de orar hasta ese momento desconocidas por mí- aún habiendo participado de la vida de Iglesia desde pequeña- como lo son la Adoración al Santísimo Sacramento y el canto de los salmos en la Liturgia de las Horas…que belleza alabar al Señor de estas formas! Por la noche hacíamos turnos para Adorar en silencio, poniendo a los pies de Aquel que se hizo pan todos los dolores y sufrimientos de amigos y familias. Además, durante el día realizamos charlas sobre Vida misionera, Inculturización y respeto hacia las culturas, aspectos de lo que significa vivir en comunidad –por cierto, algo muy olvidado en nuestros días- la oración contemplativa, la afectividad, introducción a la vida de santos y siervos de Dios (santa Teresita, san Francisco de Sales, Charles de Foucault, Laura Vicuña, Padre Hurtado…), lectura y profundización de documentos de la Iglesia y encíclicas de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ese Fin de semana de Formación fue un soplo del espíritu para mí, descubría un nuevo rostro en la Iglesia. Luego de cuatro encuentros de este tipo en el ano, los responsables me propusieron avanzar un poco más haciendo una experiencia de 10 días en la casa de Puntos Corazón en Santa Fe. Fue allí que confirmé mi vocación a servir a la Iglesia dando un ano de mi vida para compartir con los más pequeños y olvidados.

¿Mi destino de misión? Senegal, África. En mi familia y mi entorno católico esta elección para mi vida constituyó un escándalo: Cómo podía una joven de clase acomodada irse a vivir con los pobres Para qué? No era eso un trabajo de curas y monjas?…Entonces reuní a amigos y conocidos para contarles de qué se trataba todo esto que a los ojos del mundo parecía una locura, que mi llamado no era un simple capricho adolescente sino una vocación, que no iba en mi nombre sino en nombre de la Iglesia. Fue así que muchos decidieron acompañarme como padrinos rezando a diario una decena del Rosario por la misión.

Yo soy Tú que me haces. Don Luigi Giussani

La vida simple y humilde en el barrio marginal de Grand Yoff no fue difícil para mí- aunque nunca antes había agrrado un trapo de pisos o lavado mi ropa…Lo que tuve que aprender de forma urgente fue aprender a Amar…Había venido a amar a todos pero me daba cuenta que no sabía cómo amar, al menos no sabía cómo amar a imagen de Jesús, amar sin ser reconocida, amar al niño que desordena o que me golpeaba, porque en su casa era golpeado. Ahí estaba, en el jardín de Infantes del Amor. Él me había llevado al África para aprender a amar. Y en una segunda misión en India experimenté lo mismo: soy igual que mi amigo alcohólico Ngoor, que la abuelita abandonada, que mi pequeño amigo Honoré que se arrastra por las calles de tierra: todo somos mendigos del amor de Dios.

Dejarme Hacer por el Señor, fue uno de los grandes descubrimientos en mi vida cristiana, y fue en Puntos Corazón que lo hice. Hoy en día estoy casada con un hombre maravilloso con el que deseamos hacer de nuestro hogar un punto de amor, un pequeño Punto Corazón donde junto con nuestros tres hijos podamos acoger a aquel que esté solo y rechazado. Por eso continuamos participando de esta obra de Dios a través de nuestro compromiso en la Fraternidad San Maximiliano Kolbe, aquella que nos impulsa a salir al encuentro y permanecer a los pies de la Cruz como lo hizo nuestra Santísima Madre.

Por sus frutos los reconocerán…

Desde ya quedo a vuestra disposición y lo saludo atentamente