A quien Corresponda,

Hola, mi nombre es G.R., tengo 36 años y estoy casado con H.O. desde hace ocho años, tenemos tres hijos y a la espera del cuarto: María Paz de 6 años, Salvador de 4 años, Félix de 2 años..

Hace 9 años cuando conocí a mi mujer me sorprendió que en la segunda salida que tuvimos, cuando recién nos estábamos conociendo, invitara a una señora que vivía en la calle a cenar con nosotros, La Cielito, justo pasaba en frente del lugar que habíamos elegido para cenar, la forma en la que le hablaba y se interesaba por su vida causó una fuerte impresión en mí, como vivía la compasión en primera persona, una fuerte escucha y un interés por su vida.

Fue en esos momentos que comencé a conocer Puntos Corazón, en primera persona, al lado de los más pequeños y desamparados, un rostro de la Iglesia que antes no había conocido.

Al año decidimos casarnos y pensamos para nuestra familia poner en primera persona a aquel que más necesitara, tener una casa abierta para los que necesitaran cobijo y alimentos y también un acompañamiento.

Recuerdo en casa el paso de Juancito, que por motivos de violencia en su barrio no podía vivir más allí y no tenía a donde vivir, llegó a casa una noche de mucho frio y luego de escucharlo lo invitamos a vivir por un tiempo con nosotros. Helen estaba embarazada de Salvador y estaba en cama con pérdidas y muchos dolores, la situación no era fácil ni de comodidad pero igual decidimos darle un hogar por un tiempo. Luego pudimos conseguir un lugar a donde Juan se pudiera rehabilitar de las adicciones y pudimos acompañarlo en esa dura etapa de su vida.

Como familia siempre tuvimos cercanía a la espiritualidad y la comunidad de Puntos Corazón, a las Servidoras de la Presencia de Dios, a los consagrados y a sacerdotes de la obra, quienes nos administraron el sacramento del matrimonio y del bautismo a nuestros hijos. Verdaderamente vivimos una amistad con ellos que tiene a Jesús en medio.

Si bien Helen había tenido dos experiencias de misión, sentíamos la necesidad de continuar en cada uno de nuestros lugares de vida con dicha misión. Fue así que fuimos haciendo un camino de formación en la Fraternidad San Maximiliano Kolbe, compartimos junto con otras familias y jóvenes dos momentos durante el año para compartir y profundizar la espiritualidad de la iglesia. Compartimos las vacaciones juntos en donde ponemos en común las necesidades de cada uno y tratamos de vivir como las primeras comunidades cristianas. Luego tenemos un retiro de silencio que tratamos de realizar en un monasterio para entrar en la vida de oración que tienen los religiosos que nos reciben.

Ya llevamos 5 años desde nuestro primer compromiso. Dicho compromiso lo entendemos como un lugar a donde caminar juntos siendo parte de la Iglesia desde nuestra realidad familiar, estando atentos a los más pequenos y olvidados… “Gozaos con los que gozan y llorad con los que lloran” Romanos,12-15

Saluda atentamente, quedando a vuestra disposición