Soy J., de Córdoba Argentina, tengo 29 años y soy Ingeniero Agrónomo. Fui misionero en la Obra Puntos Corazón doce meses desde marzo de 2011 en Ecuador. Conocí Puntos Corazón mientras experimentaba un proceso de discernimiento donde me preguntaba ¿por qué con una vida completa no soy feliz? Hoy soy miembro de la Fraternidad San Maximiliano Kolbe.

Quiero contarle cómo este Carisma ha moldeado mi corazón para ser fiel a Cristo especialmente en la Cruz y el sufrimiento. Hay cientos de experiencias a lo largo de estos años donde puedo recoger las gracias de Dios en mi vida. Gracias que se extienden a mi familia y a mis amigos.

Vivir en un Punto Corazón, es sin duda la experiencia más maravillosa a la que el Señor pudo llamarme, la experiencia de vida comunitaria es una bendición, no le miento, no siempre fácil pero experiencia de la que estoy profundamente agradecido. La amistad con los amigos, nunca imagine tener tantas madres, tantos hermanos, tantos amigos… la experiencia de pobreza paradójicamente tan enriquecedora y la vida de oración tan necesaria para ablandar el corazón y aprender a entregarlo. Le agradezco a Puntos Corazón por esta oportunidad de hacerme “penetrar en el Evangelio” oportunidad de ser un hombre cada vez más libre, más amigo, más fiel, aunque el camino es largo… ¿sabe que le agradezco más? La oportunidad que la Obra le da a quienes ahora amo tanto, la oportunidad que les da a las señoras a Raquel, a Vicky, a Carlota, entre otras amigas de nuestro Punto, de formar parte de esta Familia, la oportunidad que les da a los niños de ser abrazados, reconfortados, queridos. La oportunidad que le da a William de ser valorado, de que su destino sea puesto en las manos de Dios aunque sea por alguien. La oportunidad que tiene Sra. Margarita de confiar en alguien. Le agradezco porque ahora que quiero tanto a ellos, entiendo más mi misión, entiendo más nuestro lugar, entiendo más la bondad de Dios.

Aprovecho para decirle que quienes me enriquecen y me iluminan abundantemente son mis hermanos mayores, quienes el Señor les concedió estar más adelante en el camino y de quienes estoy profundamente agradecido también, ellos me muestran distintos rostros de la Obra y me alientan a seguir fiel a Cristo y su Iglesia, el amor a Jesús de mis responsables me ha llenado de admiración y de deseo de vivir esa amistad con Cristo a mí también. Lo que les agradezco profundamente es “ser mirado” y la misericordia con la que soy mirado. Mientras que muchas veces en la Iglesia experimenté una exigencia de comprometerme, de participar, de donarme como un proyecto ajeno al mío, en esta Familia no hay un proyecto sobre mi vida sino un profundo respeto por mi destino.

Hoy acompaño a los jóvenes que quieren conocer más esta Obra de la Iglesia, los veo profundizar su amor a ella y a la Virgen, creo firmemente que este Carisma responde al corazón de los jóvenes a los que no se les propone nada bueno, nada verdadero y se los enjuicia de ser desinteresados y faltos de compromiso. Los veo apasionarse por los demás, por los niños y ancianos (extremos de la vida como nos pide nuestro Papa) como yo también lo hago con la gracia de Dios. Hay una mirada nueva que el Espíritu me dió de la que ya no puedo escapar, hay un valor absoluto en los hermanos sobre los cuales estoy obligado a detenerme ya sea en la calle o ante el Santísimo Sacramento. Hay un amor profundo a la Iglesia de la que hoy conozco mucho más que me invita siempre a ir a las periferias existenciales a rescatar la humanidad y la belleza de los hombres que allí se encuentran. ¡Le doy gracias a Dios por la Obra Puntos Corazón!

Unidos en comunión por la intercesión de Nuestra Señora de la Compasión y de san Maximiliano Kolbe, me despido agradeciéndole su tiempo y pidiéndole a Dios Nuestro Señor que lo bendiga.