Mi nombre es M.de G.G. y conocí a las hermanas de puntos corazón a raíz de una visita que la hermana Maylis y una de las misioneras de Villa Jardín hicieron al lugar donde trabajo, un centro que acompaña y asiste a mujeres desesperadas y negadas frente a su embarazo inesperado.

Gracias a esa visita pude conocer el movimiento y compartir con ellas el celo por ayudar a que los que sufren se sientan amados. Misión que al compartirla engendró una profunda amistad entre nosotros.

Ellas, ofreciendo su amistad, sirven de apoyo y contención a las mujeres que recibimos en el centro y que están y se sienten muy solas.

En lo personal me acompañaron con su cariño en mis búsquedas y en momentos difíciles que me toco vivir hasta compartir la alegría de mi matrimonio.

Es verdaderamente emocionante verlas derrochando alegría con el hábito por las calles de Buenos Aires mientras saludan a alguien en una esquina o conversan con personas de la calle. Fui testigo de eso reiteradas veces. Incluso una vez un señor muy humilde saludo a una de ellas inclinando la cabeza y le besó la mano pidiéndole que rezara por el, atraído por su hábito y alegría.
Por su presencia cercana, su sencillez y cariño fraterno hemos vivido mucho y han sido no solo signo del amor de Dios en mi vida y en la de mi esposo, sino motivo de alegría y reiteradas acciones de gracias familiares a Dios.
Sus vidas entregadas a los que sufren y están solos y su trabajo en el barrio son un signo más para que el mundo crea en nuestro Padre Bueno.

Atte.