Mi nombre es M.R., soy de la ciudad de Santa Fe, Argentina. Trabajo dando clases en un taller de herrería, y soy estudiante de la carrera de ingeniería civil.

Conocí punto corazón a principios del año 2012 gracias a la amistad que forme con un ex amigo de los niños que había vivido su experiencia con el movimiento hacia ya poco menos de 10 años en Bucaramanga, Colombia. Su experiencia lo había marcado tan a fondo que aun lo acompañaba en su vida cotidiana, la llevaba al trabajo, con sus vecinos, amigos, etc. Todo esto entro a generar preguntas en mi que empezaron a calar profundo en mi búsqueda personal, entonces con algunos miedos pero sobre todo con mucha libertad y alegría tome la decisión de empezar a participar de los fin de semanas de formación para ir profundizando en el carisma al cual me sentía llamado, basto con ir y empezar a conocer más a fondo y sobre todo tener tiempo para rezar el rosario y poder Adorar que EL se encargo absolutamente de todo.

No fue fácil tenía que dejar trabajo, familia, amigos, cortar mi carrera al medio, etc. Pero la paz y la alegría estaban asique así lo hice renuncie a mi trabajo que me ocupaba mucho tiempo y me puse a estudiar para acomodar un poco las materias de la carrera, pero en el medio me di cuenta que necesitaba un trabajo y alcanzo con pedirlo que una vez mas EL se encargo de ponerlo, era un trabajo de medio tiempo con buen sueldo lo que me permitía afrontar mis gastos y me dejaba tiempo para estudiar.

Después de una larga preparación que tomo casi un año entre encuentros, retiros y experiencias en el PC de Villa Jardín en Buenos Aires; llego el momento de irme a mi nueva tierra, Ecuador. Donde viví durante 14 meses y al momento de llegar inmediatamente me sentí en casa, fui recibido por mi comunidad que me fue haciendo conocer a las familias y amigos poco a poco, guardando muy bien cada detalle. Cada encuentro con las familias llenaba mi corazón y una vez más Dios me hablaba desde el Sagrario de mi propia casa diciéndome que estaba en mi lugar.

La vida cotidiana en la isla trinitaria, barrio de Guayaquil donde queda el punto corazón San Jeronimo Emiliani, estaba muy llena de Su presencia empezando con las laudes, la adoración, los que haceres cotidianos de la casa, y durante todo el correr del día.

Mi experiencia en ecuador fue hermosa muy bendecida, para mí es un momento de cielo en mi vida, una formación para el cotidiano vivir.

Pienso y se me viene a la cabeza Don Rubén un buen amigo del barrio que se levantaba a las 5 de la mañana para atender su tiendita y que siempre estaba alegre el nos hacia parte de su trabajo y de lo que Dios le daba, siempre dispuesto a ayudarnos y a pesar de su temprano despertar a las 19 hs el estaba firme en el templo parroquial para acompañar la misa con su guitarra, y luego muchas veces quedarse formándose o preparando actividades para la catequesis. También Señora Juanita que empezó a hacer un camino de conversión y ella nos pedía acompañarnos a nuestros apostolados como ser la visita de un hogar de ancianos de las hermanas de la Caridad que visitábamos una vez a la semana o a Lorenzo Ponce un hospital siquiátrico que también íbamos semanalmente, porque se sentía llamada a darse, y también a caminar en su deseo de volver a comulgar ya que convivía con su marido pero no estaban casados y empezar a prepararse para consagrar su matrimonio ante Dios. O la abuela Margarita que siempre estaba esperando sentada en la puerta de su humilde casita mirando para ver quien venía y que siempre nos recibía con mucha alegría y era vivir ese encuentro con gratuidad absoluta porque no hablaba mucho, con ella también nos encargábamos de llevarla al hospital para que la atendieran, sacarle los turnos, y todos esos trámites porque su familia no la atendía mucho. Se me viene a la mente “nene” un niño vecino nuestro que venía siempre al punto que era súper travieso pero que una vez estando con el solo en la permanencia lo invite a rezar con migo en la capilla de la casa y se porto muy bien, como nunca, aun recuerdo su cara de alegría cuando salimos de la capilla, yo lo cargaba en mis brazos, el me abrazo y me dijo al oído si quería ser su hermano mayor.

Asi podría seguir contándoles sobre muchísimos rostros y amigos que guardo en mi corazón y que siguen ahí a pesar de haber regresado hace casi dos años.

Hoy sigo viviendo de este carisma de punto corazón, ya que para mí no es solo un movimiento al que pertenecí en el tiempo de mi misión, sino que son más que eso, son mi familia, son un pilar en el cual puedo buscar descanso, como en el calor del hogar. Este mismo sentimiento lo compartimos junto con mi esposa Milagros que hace poquitos días dimos nuestro si ante Dios para formar una familia, el 7 de mayo pasado, acontecimiento que fue acompañado por las Hermanas y los Sacerdotes de punto que siempre nos acompañaron en el tiempo de noviazgo y formación para el matrimonio proponiéndonos encuentros para tal fin.

Sin más los saludo invitándolos a vivir la alegría de Evangelio que yo puedo vivir y experimentar a través de esta obra de Dios llamada Puntos Corazón.

 

M.S.R.

Amigo de los niños.