Mi experiencia con Puntos Corazón

Se me hace un poco difícil el ejercicio de la memoria cuando mi primera impresión sobre Puntos Corazón no fue tan buena: Eran esos “locos” que se llevaban lejos a mi hermano durante todo un año.
Pero a medida que podía hablar con él en su misión en la Isla Trinitaria (Guayaquil, Ecuador) pude comprobar que sin dudas lo que hacía respondía a un llamado, a una Vocación –entendida ésta como un auténtico llamado de Dios al corazón del hombre-.

Con el tiempo no tuve opción y me acerqué a la obra, por interés en lo que vivía mi hermano Jorge. Desde su formación previa, su Misa de envío y la preparación que vivió; hasta el contacto con él durante su misión fui conociendo lo que significa Puntos Corazón y de verdad me atrapó. Desde la sencillez de su gente, sus consagrados y amigos; su estilo de “corazón abierto” en el que te tratan como a un amigo antes de saber tu nombre, hasta su amor a Cristo y su entrega generosa, me atrapó Puntos Corazón.

No me tocó salir de mi país a misionar, ni grandes obras con ellos. Pero sí pude compartir “pequeños” momentos, experiencias que me acercaron más a Dios y me permitieron verlo en los más necesitados y en el servicio humilde de misioneros y consagrados. Viví algunos encuentros de reflexión, almuerzos, jornadas… y pude pasar 10 días en el Punto Corazón “Charles de Foucauld” (Villa Jardín, Lanús. Provincia de Buenos Aires- Argentina). Aquí quiero detenerme y comentar desde donde viví esa experiencia:
Yo soy católico “practicante”, intento vivir mi fe y es central en mi vida. Fui dirigente de mi grupo parroquial durante varios años, y miembro de la juventud del Movimiento Apostólico de Schoenstatt durante algunos otros. Además, suelo participar de las actividades propuestas por la Arquidiócesis de Córdoba. En mi profesión soy Profesor de Lengua y Literatura, y me gusta mucho leer sobre Doctrina de la Iglesia Católica, formarme e informarme sobre mi propia fe. ¿A dónde voy con estas aclaraciones? A que no fue mi primera experiencia católica, que puedo discernirla y analizarla, que no viví el encandilamiento de lo nuevo, si no que pude conocer una realidad diferente en un contexto diferente a mi forma de vivir la fe.

¿Qué fue distinto para mí?

Por empezar, la idea de familia. Cada vez que tenía oportunidad de comunicación con algún sacerdote o consagrada de Puntos Corazón, sentía un cariño familiar, ameno, sincero. Siempre sentí de parte de todos ellos una preocupación real y constante por mí, por mi bienestar… siempre sentí su cercana compañía y su oración.

Por otro lado, vi el servicio y el sacrificio humilde y silencioso de los consagrados y misioneros. Se cumple la máxima evangélica “Cuando hagas el bien, que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda”, ya que no fue hasta adentrarme mucho voluntariamente en el accionar de la Obra que supe realmente cuánto entregan al prójimo, con qué fidelidad cumplen el mensaje del Evangelio y cómo es Cristo el alimento que les da fuerzas para semejante labor.

También comprobé al pasar unos días en el Punto Corazón de Buenos Aires el accionar que tiene sobre el barrio, un barrio marcado por la violencia, la pobreza, la droga y la promiscuidad. En medio de esta terrible realidad es que ellos se entregan por amor, siendo sumamente difícil la tarea. Los misioneros salen completamente de su realidad para vivir la del otro, la de hacerse presencia que abraza.
Sé que –por ejemplo- Aarón y Tobías sufrieron su primer asalto en Villa Jardín, y me tocó tranquilizarlos. A dos casas de distancia vivía un joven de 19 años que fue baleado por cuestiones de tráfico de drogas, y les tocó a ellos –como a Gael, María, Adelina y Alexiana- consolar a la familia, e intentar apaciguar la bronca que prometía una feroz venganza… no imagino forma de suponer que hacer todo esto sea fácil, o que sería posible si no fuera el mismo Dios quien mueve esos corazones e infunde esas palabras con su Santo Espíritu. Ante una realidad durísima estaban ellos y nadie más, brindando un poquito de la luz que Cristo nos da siempre, alimentados por él, por una vida de oración y Sacramentos constante, por un amor que no es humano si no Divino.
Si bien tuve estas experiencias, yo no soy “miembro” de la Obra, sólo un “externo” que comparte momentos con ellos. Y siendo externo volví a comprobar su amor y su cercanía en una situación familiar muy difícil, en los que perdí a mi papá y mi abuela a principio de año con una semana de diferencia, por motivos diferentes. Mi papá antes de partir a la Casa del Padre estuvo 37 días internado de gravedad, y sólo tuve palabras y hechos de aliento y apoyo en este terrible momento. A través del celular o del e-mail, y en los casos que se pudo personalmente, vi el amor de Cristo abrazándome por medio de todos ellos.

Estoy enormemente agradecido a estos “locos que se llevaron lejos a mi hermano”, ya que cambiaron su vida, la mía y la de toda mi familia. Trajeron aire fresco a una fe dormida, (pero insisto en que soy “externo”) y una nueva mirada a mi persona.

Rezo siempre por Puntos Corazón, que Dios siga manteniéndolos firmes y fieles a su pedido.

¡Alabado sea Jesucristo!

R.R. Córdoba, Argentina.