En ese instante en el que pensé en la extrema dificultad que representa verbalizar algo vivencial y afectivo como son las cuestiones vivenciales. Y entonces una imagen vino a mi mente. Esa imagen la adjunto a la presente carta.

En esa foto pueden ver a una Hermanita, la Hermana Maylis con mi bebe Thomas (de dos años y medio al momento de la foto) que se había quedado completamente dormido mientras leían. Muchas más cosas podría agregar a la circuntancia como ser que alrrededor (aunque no se vean en la foto) también estaban mis otros dos hijos, que junto con su hermano disfrutaban de la compañìa de Maylis. También podrìa decir que lo que ocurre en esa foto ocurría también en el resto de la casa. Ese sosiego llegaba a todos los que alli estuvieramos. Y aún podría decir más. Pero volviendo a la foto.

Como todas las imagenes, mil palabras podría escribir y aún así no podría contenterla. Puntualizo mi idea y después dejo que la foto hable por sí. Lo que vengo a decir con estas líneas es lo siguiente: no encuentro definición más elocuente ni testimonio más fiel que lo que se ve en esa foto. Eso es Points Coeur en nuestras vidas. Esos brazos. Somos ese chiquito que se ha quedado dormido, confiado completamente en esos brazos amigos. Esos que hemos tenido la bendición de la Providencia de habernos cruzado con el movimiento, somos ese chiquito. Podemos estar felices, o no, atravesando situaciones más o menos difíciles o solo estar cansados, pero Points Coeur son unos brazos en donde podemos descansar. Abandonados y en plena confianza, en el calor de ese corazón amigo que nos sostiene y en los cuales no tememos ningún mal. Vivimos en un mundo en donde la dureza, la crueldad y el mal no duermen. Pero tenemos a Dios de nuestro lado y la Madre Iglesia que a todos los contiene. Y tenemos estos brazos. Estos brazos en los cuales podemos ser como niños, y en ellos descansar.

Sin más, lo saludo atentamente. Unidos en la oración.